El hombre rebelde
El hombre rebelde La clandestinidad los obligó a vivir en la soledad. No conocían, salvo de modo abstracto, la alegría intensa de todo hombre de acción en contacto con una amplia comunidad humana. Pero el lazo que los unía sustituía para ellos todos los afectos. «¡Caballería!», escribió Sasonov, que comentó así: «Nuestra caballería estaba penetrada por un espíritu tal que la palabra “hermano” no traducía aún con una claridad suficiente la esencia de nuestras relaciones recíprocas». En el penal, el mismo Sasonov escribió a sus amigos: «En cuanto a mi entender, la condición indispensable de la felicidad consiste en mantener para siempre la conciencia de mi perfecta solidaridad con vosotros». Por su parte, a una mujer amada que lo retenía, Voinarovski confesó haber dicho esa frase, que reconoció que era «un poco cómica», pero que, según él, demostraba su estado de ánimo: «Te maldeciría si llegase con retraso junto a los compañeros».