El hombre rebelde
El hombre rebelde Al mismo tiempo, aquellos verdugos, que ponían su vida en juego, y tan totalmente, no tocaban la de los otros sino con la conciencia más puntillosa. El atentado contra el gran duque Sergio fracasó una primera vez porque Kaliayev, aprobado por todos sus compañeros, se negó a matar a los niños que se hallaban en el coche del gran duque. Sobre Rachel Louriée, otra terrorista, escribió Savinkov: «Tenía fe en la acción terrorista, consideraba como un honor y un deber tomar parte en ella, pero la sangre no la turbaba menos de lo que turbaba a Dora». El mismo Savinkov se opuso a un atentado contra el almirante Dubassov, en el rápido de San Petersburgo a Moscú: «A la menor imprudencia, la explosión podría haberse producido en el coche y matar a extraños». Más tarde, Savinkov, «en nombre de la conciencia terrorista», se defendería con indignación de haber hecho participar a un muchacho de dieciséis años en un atentado. En el momento de evadirse de una cárcel zarista, decidió disparar contra los oficiales que habrían podido oponerse a su fuga, pero asimismo decidió matarse antes que dirigir su arma contra soldados. Del mismo modo, Voinarovski, aquel asesino de hombres que confesó no haber cazado nunca, «considerando bárbara tal ocupación», declaró a su vez: «Si Dubassov va acompañado de su mujer, no tiraré la bomba».