El hombre rebelde
El hombre rebelde Un olvido tan grande de sà mismo, aliado a una preocupación tan profunda por la vida de los otros, permite suponer que aquellos asesinos delicados vivieron el destino rebelde en su contradicción más extrema. Cabe creer que también ellos, a la vez que reconocÃan el carácter inevitable de la violencia, confesaban sin embargo que era injustificada. Necesario e inexcusable, asà les parecÃa el crimen. Corazones mediocres, confrontados con este terrible problema, pueden descansar en el olvido de uno de los términos. Se contentarán, en nombre de los principios formales, con juzgar inexcusable toda violencia inmediata y permitirán entonces esa violencia difusa que se halla a la escala del mundo y de la historia. SÃ, se consolarán, en nombre de la historia, de que la violencia sea necesaria y añadirán entonces el crimen, hasta no hacer de la historia más que una sola y larga violación de todo lo que, en el hombre, protesta contra la injusticia. Esto define los dos rostros del nihilismo contemporáneo, burgués y revolucionario.