El hombre rebelde
El hombre rebelde Ya en 1914, Mussolini anunciaba la «santa religión de la anarquía» y se declaraba enemigo de todos los cristianismos. En cuanto a Hitler, su religión confesada yuxtaponía sin la menor vacilación el Dios-Providencia al Walhalla. Su Dios, en verdad, era un argumento de mitin y una manera de elevar el debate al final de sus discursos. Mientras le acompañó el éxito, prefirió creerse inspirado. En el momento de la derrota, se consideró traicionado por su pueblo. Entre lo uno y lo otro, nada vino a anunciar al mundo que hubiera podido considerarse culpable ante ningún principio. El único hombre de cultura superior que haya dado al nazismo un asomo de filosofía, Ernst Junger, eligió, por lo demás, las fórmulas mismas del nihilismo: «La mejor respuesta a la traición de la vida por el espíritu, es la traición del espíritu por el espíritu, y uno de los grandes y crueles goces de este tiempo es participar en este trabajo de destrucción».