El hombre rebelde
El hombre rebelde Se advierte mejor este corte subrayando la hostilidad de los pensamientos históricos respecto de la naturaleza considerada por ellos como un objeto, no de contemplación, sino de transformación. Para los cristianos, como para los marxistas, hay que dominar la naturaleza. Los griegos opinan que es mejor obedecerla. El amor antiguo al cosmos es ignorado por los primeros cristianos que, por lo demás, esperaban con impaciencia un fin del mundo inminente. El helenismo, asociado al cristianismo, dará más tarde la admirable floración albigense por una parte y a san Francisco por otra. Pero con la Inquisición y la destrucción de la herejía cátara, la Iglesia vuelve a separarse de la belleza, y da otra vez a la historia la primacía sobre la naturaleza. Jaspers tiene de nuevo razón al decir: «Es la actitud cristiana la que poco a poco vacía el mundo de su substancia […] puesto que la substancia descansaba sobre un conjunto de símbolos». Estos símbolos son los del drama divino que se desarrolla a través de los tiempos. La naturaleza no es más que la decoración de este drama. El bello equilibrio de lo humano y la naturaleza, el consentimiento del hombre al mundo, que levanta y hace resplandecer todo el pensamiento antiguo, ha sido quebrantado, en provecho de la historia, por el cristianismo primero. La entrada, en esta historia, de los pueblos nórdicos que no tienen una tradición de amistad con el mundo, ha precipitado este movimiento. A partir del momento en que es negada la divinidad de Cristo, en que, por la solicitud de la ideología alemana, ya no simboliza más que el hombre dios, desaparece la noción de mediación, un mundo judaico resucita. El dios implacable de los ejércitos reina de nuevo, toda belleza es insultada como fuente de goces ociosos, la misma naturaleza es avasallada. Marx, desde este punto de vista, es el Jeremías del dios histórico y el san Agustín de la revolución. Una simple comparación con aquel de sus contemporáneos que fue el doctrinario inteligente de la reacción bastaría para hacer sentir que esto explique los aspectos propiamente reaccionarios de su doctrina.