El hombre rebelde
El hombre rebelde Joseph de Maistre refuta el jacobinismo y el calvinismo, doctrinas que, para él, resumÃan «todo el mal que se ha pensado durante tres siglos», en nombre de una filosofÃa cristiana de la historia. Contra los cismas y las herejÃas, quiere rehacer «la túnica inconsútil» de una Iglesia por fin católica. Su objetivo —perfectamente visible cuando sus aventuras masónicas[45]— es la ciudad cristiana universal. Maistre sueña con el Adán protoplasto, u Hombre universal, de Fabre d’Olivet, que se hallarÃa en el principio de las almas diferenciadas, y con el Adán Kadmon de los cabalistas, que precedió la caÃda y que se trata naturalmente de rehacer. Cuando la Iglesia haya cubierto el mundo, dará un cuerpo a aquel Adán primero y último. Se encuentra a este propósito en Las veladas de San Petersburgo una multitud de fórmulas cuyo parecido con las fórmulas mesiánicas de Hegel y de Marx es sorprendente. En la Jerusalén a la vez celeste y terrestre que Maistre imagina, «todos los habitantes penetrados por el mismo espÃritu se penetrarán mutuamente y reflejarán su felicidad». Maistre no llega a negar la personalidad después de la muerte; sueña tan sólo con una misteriosa unidad reconquistada en la que, «aniquilado el mal, no habrá ya pasión ni interés personal» y en la que «el hombre será reunido consigo mismo cuando se borre su doble ley y se confundan sus dos centros».