El hombre rebelde
El hombre rebelde En la ciudad del saber absoluto, en que los ojos del espíritu se confundían con los del cuerpo, Hegel reconciliaba también las contradicciones. Pero la visión de Maistre coincide aún con la de Marx que anunciaba «el fin de la disputa entre esencia y existencia, entre la libertad y la necesidad». El mal, para Maistre, no es nada más que la ruptura de la unidad. Pero la humanidad ha de recobrar su unidad en la tierra y en el cielo. ¿Por qué rutas? Maistre, reaccionario de Antiguo Régimen, es sobre este punto menos explícito que Marx. Esperaba, con todo, una gran revolución religiosa de la que 1789 no era más que «el espantoso prefacio». Citaba a san Juan, que pide que hagamos la verdad, lo cual es propiamente el programa del espíritu revolucionario moderno, y san Pablo, que anuncia que «el último enemigo que debe destruirse es la muerte». La humanidad, a través de los crímenes, las violencias y la muerte, marcha hacia esta consumación que lo justificará todo. La tierra no es para Maistre más que «un altar inmenso en el que todo cuanto vive debe ser inmolado sin fin, sin medida, sin descanso, hasta la consumación de las cosas, hasta la extinción del mal, hasta la muerte de la muerte». Sin embargo, su fatalismo es activo. «El hombre debe actuar como si lo pudiera todo y resignarse como si no pudiera nada». Se encuentra en Marx la misma especie de fatalismo creador. Maistre justifica sin duda el orden establecido. Pero Marx justifica el orden que se establece en su tiempo. El elogio más elocuente del capitalismo fue hecho por su peor enemigo. Marx no es anticapitalista más que en la medida en que el capitalismo está caducado. Deberá establecerse otro orden que reclame, en nombre de la historia, un nuevo conformismo. En cuanto a los medios, son los mismos para Marx y para Maistre: el realismo político, la disciplina, la fuerza. Cuando Maistre recoge la gran idea de Bossuet, «el hereje es aquel que tiene ideas personales», dicho de otro modo ideas sin referencia a una tradición, social o religiosa, da la fórmula del más antiguo y más nuevo de los conformismos. El fiscal del Tribunal Supremo, chantre pesimista del verdugo, anuncia entonces a nuestros fiscales diplomáticos.