El hombre rebelde
El hombre rebelde Estas semejanzas, ni que decir tiene, no hacen de Maistre un marxista, ni de Marx un cristiano tradicional. El ateísmo marxista es absoluto. Pero restituye, con todo, el ser supremo al nivel del hombre. «La crítica de la religión conduce a la doctrina de que el hombre es para el hombre el ser supremo». Desde este punto de vista, el socialismo es así una empresa de divinización del hombre y ha tomado algunos caracteres de las religiones tradicionales[46]. Esta comparación, en todo caso, resulta instructiva en cuanto a los orígenes cristianos de todo mesianismo histórico, incluso revolucionario. La única diferencia reside en un cambio de indicio. En Maistre, como en Marx, el fin de los tiempos satisface el gran sueño de Vigny, la reconciliación del lobo y el cordero, la marcha del verdugo y la víctima al mismo altar, la reapertura, o la apertura, de un paraíso terrenal. Para Marx, las leyes de la historia reflejan la realidad material; para Maistre, reflejan la realidad divina. Pero para el primero la materia es la substancia; para el segundo la substancia de su dios se ha encarnado aquí abajo. La eternidad los separa al principio, pero la historicidad acaba reuniéndolos en una conclusión realista.