El hombre rebelde
El hombre rebelde Maistre odiaba Grecia (que molestaba a Marx, ajeno a toda belleza solar), de la que decía que había podrido a Europa legándole su espíritu de división. Hubiera sido más justo decir que el pensamiento griego era el de la unidad, precisamente porque no podía pasar sin intermediarios, y que ignoraba al contrario el espíritu histórico de totalidad que ha inventado el cristianismo y que, dividido de sus orígenes religiosos, corre hoy día el riesgo de matar a Europa. «¿Existe una fábula, una locura, un vicio que no tenga un nombre, un emblema, una máscara griega?». Olvidemos la furia del puritano. Este vehemente asco expresa realmente el espíritu de la modernidad en ruptura con todo el mundo antiguo y en continuidad estrecha, al contrario, con el socialismo autoritario, que va a desacralizar el cristianismo e incorporarlo a una Iglesia conquistadora.