El hombre rebelde
El hombre rebelde Pero si el proletariado no puede evitar esta revolución ni entrar en posesión de los medios de producción, ¿sabrá al menos utilizarlos para el bien de todos? ¿Dónde está la garantÃa de que, en su mismo seno, no surgirán órdenes, clases, antagonismos? La garantÃa está en Hegel. El proletariado está obligado a usar de su riqueza para el bien universal. No es el proletariado, es lo universal oponiéndose a lo particular, es decir al capitalismo. El antagonismo del capital y el proletariado es la última fase de la lucha entre lo singular y lo universal, tal cual anima la tragedia histórica del amo y el esclavo. Al término del esquema ideal trazado por Marx, el proletariado englobó primero a todas las clases y no dejó fuera de él más que a un puñado de amos, representantes del «crimen notorio», que, justamente, destruirÃa la revolución. Además, el capitalismo, arrastrando al proletario hasta la última degradación, lo librarÃa poco a poco de todas las determinaciones que podÃan separarlo de los otros hombres. No tenÃa nada, ni propiedad, ni moral, ni patria. Nada le importaba, pues, aparte de la única especie de la que era desde entonces el representante desnudo e implacable. Lo afirmaba todo y a todos, si se afirmaba a sà mismo. No porque los proletarios fuesen dioses, sino precisamente porque estaban reducidos a la condición más inhumana. «Sólo los proletarios totalmente excluidos de aquella afirmación de su personalidad eran capaces de realizar su afirmación de sà completa».