El hombre rebelde

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¿Qué dijo Galileo, en efecto, en aquel momento? ¿Cuáles fueron los terrores, demostrados por la historia misma, de la profecía? Se sabe que la evolución económica del mundo contemporáneo desmiente primero cierto número de postulados de Marx. Si la revolución ha de producirse en el extremo de dos movimientos paralelos, la concentración indefinida del capital y la extensión indefinida del proletariado, somos igualmente infieles a Marx. La tendencia observada en la Inglaterra industrial del siglo XIX se ha invertido en ciertos casos, complicado en otros. Las crisis económicas que debían precipitarse se han espaciado por el contrario: el capitalismo ha aprendido los secretos de la planificación y ha contribuido por su parte en el crecimiento del Estado-Moloch. Por otra parte, con la constitución de las sociedades por acciones, el capital, en vez de concentrarse, ha dado nacimiento a una nueva categoría de pequeños hacendados cuyo último interés reside ciertamente en fomentar las huelgas. Las pequeñas empresas han sido destruidas, en muchos casos, por la competencia tal como lo preveía Marx. Pero la complejidad de la producción ha hecho proliferar, en torno a las grandes empresas, multitud de pequeñas manufacturas. En 1938, Ford podía anunciar que cinco mil doscientos talleres independientes trabajaban para él. A partir de entonces, la tendencia ha ido acentuándose. Está claro que, por la fuerza de las cosas, Ford encabeza tales empresas. Pero lo esencial es que esos pequeños industriales forman una capa social intermediaria que complica el esquema imaginado por Marx. Por fin la ley de concentración se ha revelado totalmente falsa para la economía agrícola, tratada a la ligera por Marx. La laguna es aquí de importancia. Bajo uno de sus aspectos, la historia del socialismo en nuestro siglo puede ser considerada como la lucha del movimiento proletario contra la clase campesina. Esta lucha prolonga, en el plano de la historia, la lucha ideológica en el siglo XIX, entre el socialismo autoritario y el socialismo libertario, cuyos orígenes campesinos y artesanos son evidentes. Marx poseía, pues, el material ideológico de su tiempo, los elementos de una reflexión sobre el problema campesino. Pero la voluntad del sistema lo simplificó todo. Esta simplificación había de costar cara a los kulaks, que constituían más de cinco millones de excepciones históricas, reducidas inmediatamente, por la muerte y la deportación, a la regla.


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