El hombre rebelde
El hombre rebelde Por último, la clase proletaria no se acrecentó indefinidamente. Las condiciones mismas de la producción industrial, que cada marxista debía alentar, aumentaron de modo considerable la clase media[57] y crearon una nueva capa social: la de los técnicos. El ideal, estimado por Lenin, de una sociedad en la que el ingeniero sería al mismo tiempo peón, chocó, en todo caso, con los hechos. El hecho capital fue que la técnica, lo mismo que la ciencia, se complicó de tal modo que ya no fue posible que un solo hombre abarcara la totalidad de sus principios y de sus aplicaciones. Es casi imposible, por ejemplo, que un físico actual tenga una visión completa de la ciencia biológica de su tiempo. En el interior mismo de la física, no puede pretender dominar igualmente todos los sectores de esta disciplina. Lo mismo ocurre con la técnica. A partir del momento en que la productividad, considerada por los burgueses y los marxistas como un bien en sí misma, se ha desarrollado en proporciones desmesuradas, la división del trabajo, que Marx pensaba poder evitarse, se ha hecho ineluctable. Cada obrero se ha visto conducido a efectuar un trabajo particular sin conocer el plan general en que se insertará su obra. Los que coordinaban las labores de cada cual han constituido, por su función misma, una capa cuya importancia social es decisiva.