El hombre rebelde
El hombre rebelde Esta era de los tecnócratas anunciada por Burnham, es de una justicia elemental recordar que hace ya diecisiete años fue descrita por Simone Weil en una forma que puede considerarse como acabada sin deducir de ella las consecuencias inaceptables de Burnham[58]. A las dos formas tradicionales de opresión que ha conocido la humanidad, por las armas y por el dinero, Simone Weil añade una tercera, la opresión por la función. «Se puede suprimir la oposición entre comprador y vendedor del trabajo —escribÃa— sin suprimir la oposición entre los que disponen de la máquina y aquellos de los que la máquina dispone». La voluntad marxista de suprimir la degradante oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual ha chocado contra las necesidades de la producción que Marx exaltaba en otra parte. Marx previó, sin duda, en El capital, la importancia del «director», en el nivel de la concentración máxima del capital. Pero no creyó que esta concentración podrÃa sobrevivir a la abolición de la propiedad privada. División del trabajo y propiedad privada, decÃa, son expresiones idénticas. La historia ha demostrado lo contrario. El régimen ideal basado en la propiedad colectiva querÃa definirse por la justicia más la electricidad. Finalmente no es más que la electricidad, menos la justicia.