El hombre rebelde
El hombre rebelde Ciertamente, muchas de las afirmaciones de Lenin, amante apasionado de la justicia, pueden ser aún opuestas al régimen estalinista; principalmente la noción de deterioro. Aunque se admita que el Estado proletario no pueda desaparecer antes de mucho tiempo, es preciso aún, según la doctrina, para que pueda llamarse proletario, que tienda a desaparecer y se haga cada vez menos coactivo. No cabe duda de que Lenin creía inevitable esta tendencia y de que en este aspecto ha sido superado. El Estado proletario, desde hace más de treinta años, no ha dado señal alguna de anemia progresiva. Recordemos, por el contrario, su prosperidad creciente. Por lo demás, dos años más tarde, en una conferencia en la Universidad Sverdlov, bajo la presión de los acontecimientos externos y de las realidades internas, Lenin dará una precisión que deja prever el mantenimiento indefinido del súper-Estado proletario. «Con esta máquina o esta maza (el Estado), aplastaremos toda explotación, y cuando no haya en la tierra más posibilidad de explotación, más gente que posea tierras y fábricas, más gente que se harte ante las narices de los hambrientos, cuando resulten imposibles cosas semejantes, sólo entonces arrinconaremos esta máquina. Entonces no habrá ni Estado ni explotación». Mientras haya en la tierra, y ya no en una sociedad dada, un oprimido o un propietario, el Estado se mantendrá. Será, entre tanto, obligado a acrecentarse para vencer una a una las injusticias, los gobiernos de la injusticia, las naciones obstinadamente burguesas, los pueblos ciegos sobre sus propios intereses. Y cuando, en la tierra por fin sometida y purgada de adversarios, se haya anegado en la sangre de los justos y los injustos la última iniquidad, entonces el Estado, llegado al límite de todos los poderes, ídolo monstruoso extendido por el mundo entero, se reducirá prudentemente en la ciudad silenciosa de la justicia.