El hombre rebelde
El hombre rebelde Bajo la presión, con todo inevitable, de los imperialismos adversos nace, en realidad, con Lenin, el imperialismo de la justicia. Pero el imperialismo, incluso de la justicia, no tiene más fin que la derrota o el imperio del mundo. Hasta ahora no tiene más medio que la injusticia. Por consiguiente, la doctrina se identifica definitivamente con la profecÃa. Para una justicia remota, legitima la injusticia durante todo el tiempo de la historia, se convierte en aquella mistificación que Lenin detestaba más que nada en el mundo. Hace aceptar la injusticia, el crimen y la mentira por la promesa del milagro. Más producción aún y más poder, el trabajo ininterrumpido, el dolor incesante, la guerra permanente, y llegará un momento en que la servidumbre generalizada en el Imperio total se mudará maravillosamente en su contrario: el ocio libre en una república universal. La mistificación pseudorrevolucionaria tiene ahora su fórmula: hay que aniquilar toda libertad para conquistar el Imperio y, un dÃa, el Imperio será la libertad. El camino de la unidad pasa entonces por la totalidad.