El hombre rebelde
El hombre rebelde Mientras tanto, estos principios siguen funcionando sobre millones de hombres. El sueño del Imperio, contenido por las realidades del tiempo y el espacio, sacia su nostalgia en las personas. Las personas no son hostiles al Imperio en tanto que individuos tan sólo: el terror tradicional podrÃa bastar entonces. Le son hostiles en la medida en que hasta ahora la naturaleza humana no ha podido vivir nunca de la historia sola y siempre se le ha escapado por alguna parte. El Imperio supone una negación y una certeza: la certeza de la infinita plasticidad del hombre y la negación de la naturaleza humana. Las técnicas de propaganda sirven para medir esta plasticidad y tienden a hacer coincidir reflexión y reflejo condicionado. Autorizan a firmar un pacto con aquel que, durante años, se ha designado como el enemigo mortal. Es más, permiten derribar el efecto psicológico asà logrado y levantar, de nuevo, a todo un pueblo contra ese mismo enemigo. El experimento no ha llegado aún a su término, pero su principio es lógico. Si no hay naturaleza humana, la plasticidad del hombre es en efecto infinita. El realismo polÃtico, en este grado, no es más que un romanticismo sin freno, un romanticismo de la eficacia.