El hombre rebelde
El hombre rebelde Se puede someter a un hombre vivo y reducirlo al estado histórico de cosa. Pero si muere rehusando, reafirma una naturaleza humana que rechaza el orden de las cosas. Por eso, el acusado es exhibido y muerto ante la faz del mundo tan sólo si consiente en decir que su muerte será justa, y conforme con el Imperio de las cosas. Hay que morir deshonrado o dejar de ser, en la vida y en la muerte. En este último caso, no se muere, se desaparece. Del mismo modo, el reo, si sufre un castigo, su castigo protesta silenciosamente e introduce una fisura en la totalidad. Pero el reo no es castigado, es reintroducido en la totalidad, edifica la máquina del Imperio. Se transforma en mecanismo de la producción, tan indispensable, en definitiva, que a la larga no será utilizado en la producción porque es culpable, pero juzgado culpable porque la producción lo necesita. El sistema concentracionario ruso ha realizado, en efecto, el paso dialéctico del gobierno de las personas a la administración de las cosas, pero confundiendo persona y cosa.