El hombre rebelde
El hombre rebelde Hasta el enemigo ha de colaborar en la obra común. Fuera del Imperio no cabe salvación. Este Imperio es o será el de la amistad. Pero esta amistad es la de las cosas, pues el amigo no puede ser preferido al Imperio. La amistad de las personas, no hay otra definición, es la solidaridad particular, hasta la muerte, contra lo que no pertenece al reinado de la amistad. La amistad de las cosas es la amistad en general, la amistad con todos, que supone, cuando debe preservarse, la denuncia de cada cual. El que ama a su amiga o a su amigo los ama en el presente y la revolución no quiere amar más que a un hombre que todavía no está presente. Amar es, en cierto modo, matar al hombre cabal que ha de nacer por medio de la revolución. En efecto, para vivir un día, debe ser, desde hoy, preferido a todo. En el reino de las personas, los hombres traban afecto entre sí; en el Imperio de las cosas, los hombres se unen por la delación. La ciudad que pretendía ser fraternal se convierte en un hormiguero de hombres solos.