El hombre rebelde
El hombre rebelde Hasta la nostalgia del reposo y de la paz debe ser rechazada; coincide con la aceptación de la iniquidad. Los que lloran por las sociedades felices que encuentran en la historia confiesan lo que desean: no la disminución de la miseria, sino su silencio. ¡Alabado sea, por el contrario, este tiempo en que la miseria grita y retrasa el sueño de los ahítos! Maistre hablaba ya del «sermón terrible que la revolución predicaba a los reyes». Lo predica hoy, y de modo más urgente aún, a las elites deshonradas de este tiempo. Hay que esperar este sermón. En toda palabra y en todo acto, aun criminal, yace la promesa de un valor que hemos de buscar y sacar a la luz del día. No puede preverse el provenir y puede que el renacimiento sea imposible. Aunque la dialéctica histórica es falsa y criminal, el mundo, al fin y al cabo, puede realizarse en el crimen, siguiendo una idea falsa. Simplemente, esta especie de resignación es rechazada aquí: hay que apostar por el renacimiento.