El hombre rebelde
El hombre rebelde Por lo demás, sólo nos queda renacer o morir. Si estamos en ese momento en que la rebeldÃa llega a su contradicción más extrema negándose a sà misma, está entonces forzada a perecer con el mundo que ha suscitado o de encontrar una fidelidad y un nuevo impulso. Antes de ir más lejos, hay que aclarar, al menos, esta contradicción. No está bien definida cuando se dice, como nuestros existencialistas, por ejemplo (también sometidos de momento al historicismo y a sus contradicciones)[73], que hay progreso de la rebeldÃa a la revolución y que el rebelde no es nada si no es revolucionario. La contradicción es, en realidad, más rigurosa. El revolucionario es al mismo tiempo rebelde, o ya no es revolucionario, sino policÃa y funcionario que se vuelve contra la rebeldÃa. Pero si es rebelde, acaba levantándose contra la revolución. De modo que no hay progreso de una actitud a la otra, sino simultaneidad y contradicción creciente sin cesar. Todo revolucionario acaba siendo opresor o hereje. En el universo puramente histórico que ambas han elegido, rebeldÃa y revolución desembocan en el mismo dilema: o la policÃa o la locura.