El hombre rebelde
El hombre rebelde Es como decir al mismo tiempo que el gran estilo no es una simple virtud formal. Lo es cuando se halla buscado por sà mismo a expensas de lo real y no es entonces el gran estilo. Ya no inventa, sino que imita —como todo academicismo—, cuando la verdadera creación es, a su manera, revolucionaria. Si bien hay que impulsar muy lejos la estilización, ya que resume la intervención del hombre y la voluntad de corrección que aporta el artista a la reproducción de lo real, conviene, con todo, que permanezca invisible para que la reivindicación que da nacimiento al arte sea traducida en su tensión más extrema. El gran estilo es la estilización invisible, es decir encarnada. «En arte —dice Flaubert— no hay que temer ser exagerado». Pero añade que la exageración deber ser «continua y proporcional a sà misma». Cuando la estilización es exagerada y se deja ver, la obra es una nostalgia pura: la unidad que trata de conquistar es ajena a lo concreto. Cuando la realidad es entregada por el contrario al estado bruto y la estilización insignificante, lo concreto es ofrecido sin unidad. El gran arte, el estilo, el verdadero semblante de la rebeldÃa, se hallan entre estas dos herejÃas[8].