El hombre rebelde
El hombre rebelde El arte contemporáneo, porque es nihilista, se debate también entre el formalismo y el realismo. El realismo, además, es igualmente burgués —pero entonces es negro— que socialista, y se hace edificante. El formalismo pertenece igualmente a la sociedad del pasado, cuando es abstracción gratuita, que a la sociedad que pretende ser del futuro; entonces define la propaganda. El lenguaje destruido por la negación irracional se pierde en el delirio verbal; sometido a la ideologÃa determinista, se resume en la consigna. Entre ambos se sitúa el arte. Si el hombre en rebeldÃa ha de rechazar a la vez el furor de la nada y el consentimiento a la totalidad, el artista ha de escapar al mismo tiempo al frenesà formal y a la estética totalitaria de la realidad. El mundo actual es uno, en efecto, pero su unidad es la del nihilismo. La civilización sólo es posible si, renunciando al nihilismo de los principios formales y al nihilismo sin principios, este mundo redescubre el camino de una sÃntesis creadora. De la misma manera, en arte, el tiempo del comentario perpetuo y del reportaje agoniza. Anuncia entonces el tiempo de los creadores.