El hombre rebelde
El hombre rebelde El valor positivo contenido en el primer movimiento de la rebeldÃa supone la renuncia a la violencia de principio. Trae, por tanto, consigo la imposibilidad de estabilizar una revolución. La rebeldÃa arrastra sin cesar consigo esta contradicción. Al nivel de la historia, se endurece más. Si renuncio a hacer respetar la identidad humana, abdico ante aquel que oprime, renuncio a la rebeldÃa y retorno a un consentimiento nihilista. El nihilismo se hace entonces conservador. Si exijo que esta identidad sea reconocida para ser, me comprometo en una acción que, para triunfar, supone un cinismo de la violencia, y niega esta identidad y la rebeldÃa misma. Ampliando aún la contradicción, si la unidad del mundo no puede venirle de arriba, el hombre debe construirla a su altura, en la historia. La historia, sin valor que la transfigure, está regida por la ley de la eficacia. El materialismo histórico, el determinismo, la violencia, la negación de toda libertad que no vaya en el sentido de la eficacia, el mundo del coraje y del silencio son las consecuencias más legÃtimas de una pura filosofÃa de la historia. Sólo, en el mundo de hoy dÃa, una filosofÃa de la eternidad puede justificar la no violencia. A la historicidad absoluta objetará la creación de la historia, a la situación histórica le preguntará su origen. Para terminar, consagrando entonces la injusticia, pondrá en manos de Dios el cuidado de la justicia. Asimismo, sus respuestas exigirán, a su vez, la fe. Se le objetará el mal, y la paradoja de un Dios omnipotente y maléfico, o benéfico y estéril. La elección quedará abierta entre la gracia y la historia, Dios o la espada.