El hombre rebelde
El hombre rebelde Si, en efecto, ignorar la historia equivale a negar lo real, es alejarse aún más de lo real considerar la historia como un todo que se basta a sà mismo. La revolución del siglo XX cree evitar el nihilismo, ser fiel a la verdadera rebeldÃa, sustituyendo a Dios por la historia. Fortalece al primero, en realidad, y traiciona a la segunda. La historia, en su movimiento puro, no proporciona por sà misma valor alguno. Hay que vivir, pues, según la eficacia inmediata, y callar o mentir. La violencia sistemática, o silencio impuesto, el cálculo o mentira concertada se convierten en reglas inevitables. Un pensamiento puramente histórico es, pues, nihilista: acepta totalmente el mal de la historia y se opone en esto a la rebeldÃa. Por más que afirme en compensación la racionalidad absoluta de la historia, esta razón histórica no será acabada, no tendrá sentido completo, hasta el final de la historia. Entre tanto, hay que obrar, y obrar sin regla moral para que la regla definitiva salga a la luz. El cinismo como actitud polÃtica no es lógico sino en función de un pensamiento absolutista, es decir el nihilismo absoluto por una parte, el racionalismo absoluto por la otra[3]. En cuanto a las consecuencias, no hay diferencia entre ambas actitudes. A partir del instante en que son aceptadas, la tierra queda desierta.