El hombre rebelde
El hombre rebelde No hay ni siquiera las fuerzas materiales, en su marcha ciega, que no manifiesten su propia medida. Por eso es inútil querer destruir la técnica. La época de la rueca dejó de existir y el sueño de una civilización artesana es vano. La máquina sólo es mala en su uso actual. Hay que aceptar sus beneficios, aunque se rechacen sus estragos. El camión, conducido a lo largo de los dÃas y las noches por su conductor, no humilla a este último, que lo conoce en su totalidad y lo utiliza con amor y eficacia. La verdadera e inhumana desmesura está en la división del trabajo. Pero a fuerza de desmesura, llega un dÃa en que una máquina de cien operaciones, manejada por un solo hombre, crea un solo objeto. Este hombre, en una escala diferente, habrá recobrado en parte la fuerza de creación que poseÃa en el artesanado. El productor anónimo se acerca entonces al creador. No es seguro, naturalmente, que la desmesura industrial se lance enseguida por esta vÃa. Pero demuestra ya, con su funcionamiento, la necesidad de una mesura, y suscita la reflexión capaz de organizar esa mesura. O este valor de lÃmite será aplicado, en todo caso, o la desmesura contemporánea no encontrará su regla y su paz más que en la destrucción universal.