El hombre rebelde
El hombre rebelde Esta ley de la mesura se extiende asimismo a todas las antinomias del pensamiento en rebeldía. Ni lo real es enteramente racional ni lo racional del todo real. Lo hemos visto a propósito del surrealismo, el deseo de unidad no exige sólo que todo sea racional. Quiere además que lo irracional no sea sacrificado. No se puede decir que nada tiene sentido, puesto que se afirma con ello un valor consagrado por un juicio; ni que todo tiene un sentido, puesto que la palabra todo no tiene significación para nosotros. Lo irracional limita lo racional, que le da a su vez su medida. Algo tiene un sentido, por fin, que debemos conquistar al no-sentido. De la misma manera, no se puede decir que el ser sea solamente al nivel de la esencia. ¿Dónde captar la esencia sino al nivel de la existencia y del devenir? Pero no se puede decir que el ser no es más que existencia. Lo que deviene siempre no podría ser, es preciso un comienzo. El ser sólo puede experimentarse en el devenir, el devenir no es nada sin el ser. El mundo no está en una pura fijeza; pero no es sólo movimiento. Es movimiento y fijeza. La dialéctica histórica, por ejemplo, no huye indefinidamente hacia un valor ignorado. Gira en torno del límite, primer valor. Heráclito, inventor del devenir, daba sin embargo un límite a este fluir perpetuo. Este límite era simbolizado por Némesis, diosa de la mesura, fatal para los desmesurados. Una reflexión que quisiera tener en cuenta las contradicciones contemporáneas de la rebeldía debería pedir a aquella diosa su inspiración.