El hombre rebelde
El hombre rebelde Con dos siglos de anticipación, a una escala reducida, Sade exaltó las sociedades totalitarias en nombre de la libertad frenética que, en realidad, no reclama la rebeldía. Con él empiezan realmente la historia y la tragedia contemporáneas. Sólo creyó que una sociedad basada en la libertad del crimen debía ir a la par con la libertad de costumbres, como si la esclavitud tuviera sus límites. Nuestro tiempo se ha limitado a fundir curiosamente su sueño de república universal y su técnica de envilecimiento. Finalmente, lo que más odiaba, el crimen legal, ha tomado por su cuenta los descubrimientos que quería poner al servicio del crimen de instinto. El crimen, que quería que fuese el fruto excepcional y delicioso del vicio desenfrenado, no es ya hoy día más que la triste costumbre de una virtud convertida en policíaca. Son las sorpresas de la literatura.