El malentendido
El malentendido MARTA
¡Nos marcharemos, y será un momento maravilloso! AnÃmese, madre, que hay poco que hacer. Ya sabe que ni siquiera tendremos que matarle. Se tomará su té, se dormirá y, vivo todavÃa, lo llevaremos al rÃo. Dentro de mucho tiempo lo encontrarán pegado a una presa, junto con otros que no habrán tenido la misma suerte y se habrán arrojado al agua con los ojos abiertos. El dÃa en que vimos cómo limpiaban la presa usted misma me dijo, madre, que los nuestros son los que menos sufren; la vida es más cruel que nosotras. AnÃmese, que por fin podrá descansar y huiremos de aquÃ.
LA MADRE
SÃ, me animaré. La verdad es que a veces me alegra pensar que los nuestros nunca han sufrido. Es apenas un crimen, sólo una intervención, un ligero empujón con el dedo que les damos a vidas desconocidas. Y es verdad que aparentemente la vida es más cruel que nosotros. Puede que por eso me cueste sentirme culpable.
(Entra EL CRIADO ANCIANO y se sienta detrás del mostrador, sin decir una palabra. No se moverá hasta el final de la escena.)
MARTA
¿Qué habitación le damos?
LA MADRE
Cualquiera, con tal de que sea en la primera planta.