El malentendido
El malentendido Dejémoslo ya, María. Quiero que me dejes solo aquí para que pueda ver las cosas más claras. Tampoco es tan tremendo ni nada del otro mundo dormir bajo el mismo techo que la madre de uno. El resto lo hará Dios. Pero Dios sabe también que no por eso te olvido. Sólo que no se puede ser feliz viviendo en el exilio o en el olvido. No se puede ser siempre un extraño. Quiero volver a mi país, hacer felices a todos a quienes amo. Y nada más.
MARÍA
Pero podrías hacer todo eso de un modo más sencillo. Tu sistema no es el bueno.
JAN
Sí que lo es, porque, gracias a él, sabré si tengo o no razón alimentando esos sueños.
MARÍA
Ojalá la tengas. Yo, desde luego, no tengo más sueño que ese país donde éramos felices, ni más deber que tú.
JAN (Estrechándola.)
Déjame hacerlo a mi modo. Acabaré encontrando las palabras que lo solucionarán todo.
MARÍA (Abandonándose.)