El malentendido
El malentendido ¿Por qué? Supongo que no se le ocurrirá a usted hacerse el gracioso. Porque no estoy yo aquà para aguantar bromas. La gente de aquà hace tiempo que lo ha entendido. Enseguida se dará cuenta de que ha elegido una posada tranquila. No viene casi nadie.
JAN
Eso no será muy bueno para la marcha del negocio.
MARTA
Lo que perdemos en ingresos lo ganamos en tranquilidad. Y la tranquilidad no tiene precio. Además, más vale un buen cliente que una parroquia ruidosa, y lo que buscamos precisamente es el buen cliente.
JAN
Pero… (Dudando.), a veces la vida no debe de ser alegre para ustedes. ¿No se sienten muy solas?
MARTA (Volviéndose bruscamente hacia él.)
Escúcheme, veo que tendré que hacerle una advertencia, y es la siguiente: al entrar aquÃ, tiene usted exclusivamente los derechos de un cliente. Pero, eso sÃ, los disfrutará todos. Se le servirá con el mayor esmero y dudo que tenga que quejarse alguna vez de nuestro trato. En cambio, nuestra soledad no es de su incumbencia, como tampoco debe preocuparle el molestarnos o ser o no ser inoportuno. Utilice el espacio que le corresponde como cliente, está en su derecho. Pero no se tome más.
JAN