El malentendido
El malentendido Discúlpeme. Sólo quería manifestarle mi simpatía, y no era mi intención hacerla enfadar. Sencillamente, me ha parecido que no éramos tan extraños el uno al otro.
MARTA
Me veo obligada a repetirle que el problema no es que yo me enfade o deje de enfadarme. Creo que se obstina en adoptar un tono que no le corresponde, y trato de que lo entienda. Le aseguro que no estoy enfadada. Para los dos es una ventaja guardar las distancias, ¿no cree usted? La cosa es así de sencilla: si se empeña en no comportarse como un cliente, nos negaremos a hospedarle. Pero si, como espero, se hace cargo de que dos mujeres que le alquilan una habitación no están obligadas, por añadidura, a admitirle en su intimidad, entonces todo irá bien.
JAN
Es evidente. Es imperdonable por mi parte haberla movido a pensar que podía albergar tal ilusión.
MARTA
No tiene importancia. No es usted el primero que intenta adoptar ese tono. Pero siempre he sido lo suficientemente clara como para evitar que se produjera esa confusión.
JAN
Pues sí, es usted muy clara, y reconozco que no tengo ya nada que decir… por el momento.