El malentendido
El malentendido LA MADRE
Es verdad, Marta.
JAN (Muy rápido.)
Deje, deje. Comprendo perfectamente lo que le pasa, señora. Es lo que se siente al final de una vida de trabajo. Pero tal vez todo habría sido distinto si hubiera contado con la ayuda que necesita toda mujer y si hubiera recibido el apoyo del brazo de un hombre.
LA MADRE
No, si lo recibí, pero había demasiado trabajo. Mi marido y yo apenas dábamos abasto. No teníamos ni tiempo de pensar el uno en el otro, y creo que antes de que él muriera yo ya lo había olvidado.
JAN
Sí, lo entiendo… Y… (Tras una breve vacilación.) a un hijo que le hubiera brindado su brazo, ¿lo habría olvidado?
MARTA
Madre, ya sabe que tenemos mucho que hacer.
LA MADRE
¡Un hijo! ¡Huy, soy demasiado vieja! Las viejas desaprenden incluso a querer a un hijo. El corazón se desgasta, ¿sabe usted?
JAN
Es cierto. Pero yo sé que nunca olvida.
MARTA (Interponiéndose entre ambos con decisión.)