El malentendido
El malentendido MARTA
No es por dinero, sino para olvidar esta tierra y para tener una casa ante el mar. Si usted está cansada de su vida, yo estoy mortalmente aburrida de este horizonte cerrado y me siento incapaz de vivir un mes más aquÃ. Estamos las dos hartas de esta posada, y usted, que es vieja, sólo quiere cerrar los ojos y olvidar. Pero yo, que todavÃa siento rebullir en mi pecho algunos deseos de mis veinte años, quiero dejarlos atrás para siempre, aunque sea a costa de hundirme un poco más en esa vida que queremos dejar. Y su obligación es ayudarme, ¡usted que me trajo al mundo en un paÃs de nubes y no en una tierra de sol!
LA MADRE
No sé, Marta, si, bien pensado, no preferirÃa que me olvidaras, como lo hizo tu hermano, a oÃrte hablarme con ese tono.
MARTA
De sobra sabe usted, madre, que no querÃa disgustarla. (Pausa, y con vehemencia.) ¿Qué harÃa yo si no la tuviera a mi lado, qué serÃa de mà lejos de usted? Yo, por lo menos, serÃa incapaz de olvidarla, y, si el peso de esta vida me hace alguna vez faltarle al respeto que le debo, le pido perdón.
LA MADRE