El malentendido
El malentendido No, no es eso. No tiene usted pinta alguna de malhechor. La cosa no va por ahí. Tenemos que dejar este hotel, y desde hace ya algún tiempo cada día nos planteamos la idea de cerrar el establecimiento para iniciar los preparativos. Nos resultaba fácil, porque la clientela es escasa. Pero al presentarse usted hemos comprendido hasta qué punto habíamos renunciado a la idea de seguir con esto.
JAN
¿O sea que están deseando que me marche?
MARTA
Ya le digo, estamos dudando, sobre todo yo. En realidad, todo depende de mí, y todavía no sé qué decisión tomar.
JAN
Sepan que de ningún modo quiero ser un estorbo, y haré lo que me digan. Eso sí, confieso que me convendría quedarme uno o dos días más. Tengo que resolver unos asuntos antes de proseguir mi viaje, y esperaba encontrar aquí la paz y tranquilidad que necesito.
MARTA
Me hago perfecto cargo, créame, y, si lo desea, lo meditaré. (Pausa. Da un paso titubeante hacia la puerta.) ¿De modo que regresa usted al país de donde viene?
JAN
Quizá sí.