El malentendido
El malentendido Tiene usted razón. Verá, es que soy un poco distraído. Y además nunca es fácil regresar a un país al que no se ha vuelto en mucho tiempo. Tiene que comprenderlo.
LA MADRE
Lo comprendo, señor, y ojalá todo hubiera estado a su gusto. Pero creo que, por nuestra parte, nada podemos hacer.
JAN
Pues claro que no, y no les reprocho nada. Sólo que han sido ustedes las únicas personas a las que he tratado desde mi regreso, y probablemente eso me ha hecho empezar a sentir las dificultades que me esperan. Por supuesto, todo es cosa mía; todavía no me he aclimatado.
LA MADRE
Cuando las cosas arrancan mal, ya no hay nada que hacer. En cierto modo, también a mí me disgusta que haya decidido usted marcharse. Pero pienso que, al fin y al cabo, tampoco tengo motivos para concederle a ese hecho importancia.
JAN
Ya es mucho que comparta usted mi disgusto y que se esfuerce en comprenderme. No sé si sería capaz de expresar hasta qué punto me conmueve y me alegra lo que acaba usted de decir. (Hace ademán de acercarse a ella.) Verá…
LA MADRE