El malentendido
El malentendido No importa, señor. En principio, es usted completamente libre. Aunque, tal vez, de aquà a la cena cambie usted de opinión. A veces se obedece a una impresión momentánea, pero luego las cosas se arreglan y acaba uno acostumbrándose.
JAN
No lo creo, señora. Eso sÃ, no vaya a imaginarse que me marcho descontento. Al revés, le estoy muy agradecido de que me haya recibido como lo ha hecho. (Vacila.) Me ha parecido notar que me miraba usted con cierta simpatÃa.
LA MADRE
Era completamente natural, señor. No tenÃa motivos personales para mostrarle hostilidad.
JAN (Con emoción contenida.)
Tal vez, en efecto. Pero se lo digo porque quiero que nos separemos en buenos términos. Puede que vuelva más adelante. Incluso estoy seguro. Pero, por el momento, me parece que me he equivocado y que no tengo nada que hacer aquÃ. Para serle claro, tengo la penosa impresión de que esta casa no es la mÃa.
(Ella sigue mirándolo.)
LA MADRE
SÃ, claro. Pero normalmente son cosas que se sienten al instante.
JAN