El malentendido
El malentendido Me lo ha dicho hace un rato. Y yo no sabía qué contestarle.
MARTA
¿O sea que lo ha visto usted?
LA MADRE
He subido aquí para impedirle que bebiera. Pero era ya tarde.
MARTA
¡Sí, era ya tarde! Y como veo que no me queda más remedio, le diré que me ha decidido él. Yo dudaba. Me ha hablado de los países adonde espero ir, ha sabido emocionarme y me ha dado armas contra él. Así se ve recompensada la inocencia.
LA MADRE
Sin embargo, Marta, al final había comprendido. Me ha dicho que notaba que esta casa no era la suya.
MARTA (Con dureza e impaciencia.)
Y esta casa, en efecto, no es la suya, ni la suya ni la de nadie. Y nadie encontrará en ella desahogo ni calor. Si hubiera comprendido eso antes, habría salvado la vida y nos habría evitado tener que mostrarle que esta habitación está aquí para dormir en ella y este mundo para morir. Y ahora basta, tenemos… (Se oye a lo lejos el ruido de las aguas.) Venga usted, madre, y por el amor de ese Dios al que a veces invoca, acabemos con esto de una vez.
(LA MADRE da un paso hacia la cama.)