El malentendido
El malentendido Sí, todo habrá acabado. Las aguas suben. Entretanto, él no se da cuenta de nada. Duerme. Ya no conoce el cansancio del trabajo que hay que decidir, del trabajo que hay que terminar. Duerme, no tiene ya que resistirse, que forzarse, que exigirse a sí mismo lo que no puede hacer. Ya no carga con la cruz de esta vida interior que proscribe el descanso, la distracción, la debilidad… Duerme y ya no piensa, no tiene deberes ni obligaciones, no, nada ya, y yo estoy vieja y cansada, ¡oh!, ahora me gustaría dormir y tener que morirme pronto. (Silencio.) ¿No dices nada, Marta?
MARTA
No. Escucho. Espero que suene el ruido de las aguas.
LA MADRE
Dentro de un momento. Sólo un momento. Sí, un momento más. Entretanto, al menos, todavía es posible la felicidad.
MARTA
La felicidad será posible después. No antes.
LA MADRE
Marta, ¿sabías que él quería marcharse esta noche?
MARTA
No, no lo sabía. Pero, aunque lo hubiera sabido, habría actuado igual. Lo tenía decidido.
LA MADRE