El malentendido
El malentendido Pero… (Mira a su madre; luego dice con tono desafiante.) No se crea que me da miedo quedarme. Esperemos aquÃ.
LA MADRE
Pues claro, esperemos. Esperar es bueno y descansa. Luego tendremos que llevarlo todo el trecho de camino, hasta el rÃo. Sólo pensarlo me cansa; y es un cansancio tan antiguo que mi sangre ya no puede con él. (Se tambalea un poco, como si ella también estuviera medio dormida.) Entretanto, él no se da cuenta de nada. Duerme. Ha terminado con este mundo. Todo le resultará fácil en adelante. Pasará de un sueño poblado de imágenes a un sueño sin sueños. Lo que para todo el mundo es un horrible desgarramiento, no será para él más que un largo dormir.
MARTA (Desafiante.)
¡Pues mejor asÃ! Yo no tenÃa motivo alguno para odiarle, y me alegra ahorrarle al menos el sufrimiento. Pero… creo que están subiendo las aguas. (Escucha y sonrÃe.) Madre, madre, pronto todo habrá acabado.
LA MADRE (Misma actitud.)