El primer hombre
El primer hombre Pero también la tía Jeanne había muerto, la hermana de la abuela, la que asistía a los conciertos del domingo por la tarde, y que había resistido mucho tiempo en su finca de muros encalados, en medio de sus tres hijas viudas de guerra, recordando siempre a su marido muerto hacía mucho tiempo,{88} el tío Joseph, que no hablaba más que el mahonés y que Jacques admiraba por su pelo blanco coronando un bello rostro rosado y por el sombrero negro que llevaba incluso en la mesa, con un aire de inimitable nobleza, verdadero patriarca campesino, que a veces, sin embargo, se alzaba ligeramente durante la comida para soltar una sonora inconveniencia de la que se disculpaba cortésmente ante los reproches resignados de su mujer. También los vecinos de su abuela, los Masson, habían muerto todos, la vieja primero y después la hermana mayor, Alexandra, la alta y [ ],[89] el hermano de orejas separadas, que era contorsionista y cantaba en las matinés del cine Alcázar. Todos, sí, incluso la muchacha más joven, Marthe, a quien su hermano Henri había cortejado y algo más.