El primer hombre
El primer hombre —Date prisa, mosquito. Espero que no hayas hecho una barrabasada.
Jacques, doblándosele las piernas, siguió al alumno mayor por la galerÃa que corrÃa sobre el patio de cemento con sus terebintos, cuya sombra mezquina no protegÃa del calor tórrido, hasta el despacho del director, que se hallaba en el otro extremo de la galerÃa. Lo primero que vio al entrar fue, delante del escritorio del director, a Muñoz escoltado por una señora y un señor de aire ceñudo. A pesar del ojo tumefacto y totalmente cerrado que desfiguraba a su compañero, sintió alivio al verlo vivo. Pero no tuvo tiempo de saborear ese alivio.
—¿Le has pegado a tu compañero? —dijo el director, un hombrecito calvo de cara sonrosada y voz enérgica.
—Sà —respondió Jacques con voz neutra.
—Ya se lo dije, señor —intervino la señora—. André no es un sinvergüenza.
—Nos peleamos —dijo Jacques.
—No quiero saberlo —le interrumpió el director—. Ya sabes que tengo prohibidas las luchas, incluso fuera de la escuela. Has hecho daño a tu compañero y hubiera podido ser peor. Como primera advertencia estarás de plantón una semana durante todos los recreos. Si vuelves a hacerlo, serás expulsado. Comunicaré a tus padres este castigo. Puedes volver a clase.