El primer hombre
El primer hombre En mitad del camino de regreso, bajo la lluvia que volvÃa a caer, el médico,montado en un caballo gris tordillo, alcanzó a Cormery, que estaba ya empapado pero siempre erguido en su pesado caballo de granja.
—Curiosa llegada —gritó el médico—. Pero ya verá, el paÃs no está mal, salvo los mosquitos y los bandidos de la zona. —Se mantenÃa a la altura de su compañero—. Claro que, en cuanto a los mosquitos, estará tranquilo hasta la primavera. Pero en lo que se refiere a los bandidos…
Se reÃa, pero el otro seguÃa avanzando sin decir palabra. El médico lo miró con curiosidad:
—No tema —dijo—, todo irá bien.
Cormery volvió hacia el doctor sus ojos claros, lo miró tranquilamente y dijo con un matiz de cordialidad:
—No tengo miedo. Estoy acostumbrado a los golpes duros.
—¿Es el primero?
—No, he dejado a un pequeño de cuatro años en Argel, con mi suegra.[9]
Llegaron a la encrucijada y tomaron el camino que conducÃa a la finca. La turba no tardó en volar bajo los cascos de los caballos. Cuando éstos se detuvieron y volvió a reinar el silencio, se oyó salir de la casa un grito. Los dos hombres echaron pie en tierra.