El primer hombre
El primer hombre Una sombra los esperaba, protegida bajo la parra, que chorreaba agua. Al acercarse reconocieron al viejo árabe encapuchado con una bolsa.
—Buenos dÃas, Kaddour —dijo el médico—. ¿Cómo anda eso?
—No sé, yo nunca entro donde están las mujeres —respondió el viejo.
—Buen criterio —dijo el médico—. Sobre todo si las mujeres gritan.
Pero ya no salÃan gritos de adentro. El médico abrió y entró, Cormery lo siguió.