El primer hombre
El primer hombre El viajero fue a sentarse a su compartimiento de tercera, donde ocupaba una plaza junto a la ventanilla. Frente a él un hombre de pelo ralo y apelmazado, más joven de lo que hacía pensar su cara hinchada y venosa, apoltronado, con los ojos cerrados, respiraba fuerte, evidentemente incomodado por una digestión laboriosa, y deslizaba de vez en cuando una mirada rápida(12) hacia el pasajero de enfrente. En la misma banqueta, cerca del pasillo, una campesina endomingada, que llevaba un singular sombrero adornado con un racimo de uvas de cera, sonaba las narices de un niño pelirrojo de rostro apagado y pálido.