El primer hombre
El primer hombre —¿Estamos muy lejos todavía?
El árabe sonrió bajo sus grandes bigotes blancos.
—Ocho kilómetros más y llegamos.
El hombre se volvió, miró a su mujer sin sonreír pero atentamente. La mujer no había apartado la mirada del camino.
—Dame las riendas —dijo el hombre.
—Como quieras —dijo el árabe.
Le tendió las riendas, el hombre pasó por encima del árabe que se deslizó hacia el lugar que el primero acababa de dejar. Con dos golpes de riendas, el hombre se adueñó de los caballos, que rectificaron el trote y de pronto avanzaron en línea más recta.
—Conoces a los caballos —dijo el árabe.
La respuesta llegó, breve, y sin que el hombre sonriera:
—Sí —dijo.