El verano
El verano Ante las mismas puertas de Oran, la naturaleza eleva ya el tono. Por la parte de Canastel, hay inmensos baldÃos cubiertos de matas de plantas aromáticas. AllÃ, el sol y el viento no hablan más que de soledad. Por encima de Oran están la montaña de Santa Cruz, la meseta y los mil barrancos que conducen a ella. Caminos en otro tiempo transitables para los carruajes se pegan al flanco de las colinas que dominan el mar. En el mes de enero algunos están cubiertos de flores. Mayas y botones de oro forman avenidas fastuosas bordadas en amarillo y blanco. De Santa Cruz se ha dicho ya todo. Pero si yo tuviera que hablar de ella, olvidarÃa las procesiones sagradas que escalan la áspera colina, en las grandes festividades, para evocar otras peregrinaciones. Solitarias, caminan por la piedra roja, se levantan por encima de la bahÃa inmóvil y acuden a consagrar el desnudamiento una hora luminosa y perfecta.