El verano
El verano Oran tiene también sus desiertos de arena: sus playas. Las que se encuentran a las puertas de la ciudad permanecen solitarias en invierno y en primavera. En ese tiempo son llanuras cubiertas de asfódelos, y pobladas de chalecitos desnudos en medio de las flores. El mar gruñe un poco, abajo. Sin embargo, el sol, el viento ligero, la blancura de los asfódelos, el azul intenso del cielo, todo permite imaginar ya el verano, la dorada juventud que cubre entonces la playa, las largas horas en la arena y la repentina quietud de los atardeceres. En esas orillas, hay cada año una nueva cosecha de muchachas flor. Al menos en apariencia, no viven más que una estación. Al año siguiente, las reemplazan otras corolas cálidas que el verano anterior eran todavía niñitas de cuerpos duros como yemas vegetales. A las once de la mañana, según se baja de la planicie, toda esa carne joven, apenas vestida con telas chillonas, se despliega sobre la arena como una ola multicolor.