El verano
El verano Para qué seguir diciendo que, en la experiencia que me interesaba y sobre la que escribÃ, el absurdo sólo puede ser considerado como una situación de partida, aunque su recuerdo y su emoción acompañen los pasos posteriores. Tampoco —salvando escrupulosamente todas las distancias— la duda cartesiana, que es metódica, basta para hacer de Descartes un escéptico. En cualquier caso, cómo limitarse a la idea de que nada tiene sentido y hay que desesperar de todo. Sin ir al fondo de las cosas, por lo menos se puede destacar que, al igual que no hay materialismo absoluto —puesto que nada más que para formar esa palabra ya es necesario decir que en el mundo hay algo más que materia—, tampoco hay nihilismo total. Desde el mismo instante en que se dice que todo es un sinsentido, se expresa que tiene sentido. Negar toda significación al mundo lleva a suprimir todo juicio de valor. Pero vivir —y, por ejemplo, alimentarse— es en sà mismo un juicio de valor. Desde el instante en que uno no se deja morir, elige durar y de este modo se le reconoce un valor, al menos relativo, a la vida. Además, ¿qué significa, en definitiva, una literatura desesperada? La desesperación es silenciosa. Hasta el propio silencio guarda un sentido si los ojos hablan. La verdadera desesperación es agonÃa, tumba o abismo. Si habla, si razona, sobre todo si escribe, inmediatamente el hermano nos tiende la mano, el árbol se justifica, el amor nace. Una literatura desesperada es una contradicción en sus términos.