El verano
El verano Frente al mar ahogado, yo caminaba, esperando en ese Argel de diciembre que seguía siendo para mí la ciudad de los veranos. Me había escapado de la noche de Europa, del invierno de las caras. Pero también la ciudad de los veranos se había vaciado de sus risas y sólo me ofrecía espaldas redondas y relucientes. Por la tarde, en los cafés violentamente iluminados en los que me refugiaba, leía mi edad en las caras que reconocía sin poder nombrar. Sólo sabía que todos aquéllos habían sido jóvenes conmigo, y que ya no lo eran.