El verano
El verano Sin embargo, durante todos esos años, algo me faltaba, oscuramente. Cuando se ha tenido la suerte de amar con fuerza, se pasa uno la vida buscando nuevamente ese ardor y esa luz. La renuncia a la belleza y a la felicidad sensual que va unida a ella, el servicio exclusivo a la desdicha, exige una grandeza que me falta. Pero al fin y al cabo no hay nada verdadero que fuerce a la exclusión. La belleza aislada acaba por ser un artificio, la justicia por sí sola acaba siendo una opresión. Quien pretende servir a la una excluyendo a la otra, no sirve a nadie, ni a sí mismo, y acaba sirviendo por partida doble a la injusticia. Llega un día en el que, a fuerza de rigidez, no hay nada que maraville, todo es ya conocido, se pasa la vida volviendo a empezar. Es el tiempo del exilio, de la vida seca, de las almas muertas. Para revivir, se necesita un perdón, olvidarse de uno mismo o una patria. Ciertas mañanas, a la vuelta de una esquina, cae un delicioso rocío sobre el corazón y luego se evapora. Pero el frescor permanece y es siempre ese frescor el que exige el corazón. Sentí la necesidad de marcharme otra vez.